Mostrando entradas con la etiqueta sucesos par(i)dos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sucesos par(i)dos. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de marzo de 2012

Sucesos par(i)dos... ¿Kuala es la capital de Malasia?


-Oye, Paco, ¿sabes cuál es la capital de Malasia?

-Sí, claro. Te doy una pista. Kuala...

-La capital de Malasia, digo...

-No, no. Te estoy dando una pista. Kuala...

-¿La tía Pascuala?

-Que no, hombre, que no. Kuala es la pista.

-Tú sabrás cuál es la pista. Y además, no se dice cuála, es cuál, pronombre interrogativo que se aplica a ambos géneros por igual...

-No me entiendes, digo que la capital de Malasia es Kuala Lumpur.

-¿Cuál qué?

-Lumpur.

-¿Lumpur es la capital de Malasia?

-No, es Kuala Lumpur.

-Pero, ¿cuál de ellas?

-Lumpur, Kuala Lumpur.

-Oye, Paco, que si no lo sabes no pasa nada. Vamos a ver, ¿sabes a qué familia pertenecen los tiburones?

-A la de los escualos.

-¿Es qué?

-Escualos.

-¿Es cuáles?

-Escuales no, escualos. ES-CUA-LOS. CUA-LES no, CUA-LOS.

-¿Cuáles van a ser? Todos los tiburones, digo yo que serán todos de la misma familia.

-Claro, la familia de los escualos.

-Oye, déjalo. Y a ver si aprendes a hablar bien. Vale que no tengas ni puta idea de geografía ni de fauna... Pero hombre, por favor, que eres profesor de lengua y literatura y hablas fatal...

-Pues yo creo que estoy bastante cualificado.

-Cualquiera lo diría...


lunes, 13 de febrero de 2012

Sucesos par(i)dos...Odisea, perdón, osadía en el espacio






-Houston, tenemos un problema.
-Aquí la Tierra. ¿Qué ocurre, comandante?
-Verá, tenemos un problema de gravedad...
-¿Se ha descompresurizado el compresurizador gravitacional?
-No.
-No me diga que ya se ha vuelto a descondensar el condensador de fluzo.
-No, no. Ese cacharro no sé para qué coño sirve, pero funciona a pleno rendimiento.
-Entonces, ¿se ha desconfigurado el configurador de sistemas sistemáticos?
-No, esta vez no. Es más grave todavía.
-No me asuste, comandante. ¿De qué se trata?
-Pues verá, mi general, se nos ha olvidado traer la olla de albóndigas que preparó la madre del capitán Kirivalenko. ¿La han visto por ahí?
-Sí, la señora Kirivalenko estuvo esta mañana por aquí...
-No, hombre, no. Me refiero a la olla de albóndigas.
-Me temo que eso es información confidencial...
-Me preguntaba si habría forma de poder recuperarlas...
-Imposible. Se las ha comido el sargento Akerson.
-Vaya, siempre es el mismo. En cuanto volvamos mañana de la misión lo hincho a hostias.
-¿Ha dicho mañana? La misión que se les encomendó durará cuatro años.
-¿Cuatro años? Creí entender que era hasta el martes, mi general.
-¿Hasta el martes? ¡No, hombre, no! Se dijo que era hasta Marte, ¡hasta Marte! A ver si presta usted más atención la próxima vez.
-¿A Marte? ¡No es posible! ¡Qué disgusto!
-¿Qué ocurre?
-Nada, nada, que es una gran contrariedad. Apenas tenemos víveres para un par de días.
-Mire en la guantera, suele haber galletas saladas.
-Nada, está vacía.
-Habrá sido Akerson.
-Lo imaginaba. Oiga, ¿y no podríamos volver antes? El domingo tengo la comunión de un sobrino.
-Imposible. ¿Dónde es la comunión?
-En la Iglesia de Nuestra Señora de los Desamparados de Wisconsin.
-Vaya, lo siento. Creo que no les pilla de camino.
-Cuando mi mujer se entere de que no vuelvo hasta dentro de cuatro años se va a enfadar bastante...
-No se preocupe, comandante. Cuatro años se pasan volando.
-Ya lo creo, en este caso volando por el espacio sideral...
-Tranquilo, desde aquí les envío todo mi apoyo. ¿Tiene alguna duda sobre la misión?
-Sí, mi general, ¿no sabrá usted si en Marte hace buen tiempo?
-Creo que refresca un poco por las noches. Imagino que llevarán ropa de abrigo.
-No, pensaba que no haría falta... Bueno, sí, creo que metí un chándal de felpa en la maleta...¡Ah! Y también unas botas katiuskas por si llueve...
-Bueno, bueno, que no cunda el desánimo... Dígame, por favor, cual es el estado de la tripulación.
-Mi general, el estado de la tripulación es de embriaguez absoluta.
-¿Qué coño significa eso?
-Embriaguez es lo mismo que estar borracho.
-¡Déjese de gilipolleces, comandante! Ya sé lo que es la embriaguez, ¿qué se cree usted?¡Yo también estoy borracho! Le preguntaba que por qué están ebrios ustedes.
-Pues verá, es muy sencillo. A consecuencia de la bebida.
-Pero... ¿no decía que no tenían víveres?
-Víveres no, pero béberes sí. Al capitán Kirivalenko lo patrocina una conocida marca de vodka. A cambio, se ha comprometido a formar parte de una campaña que trata de fomentar el consumo serio irresponsable de alcohol. Y como puede usted imaginar, le estamos apoyando con la máxima seriedad a beber vodka de forma temeraria.
-Pero... ¿no se referirá a un consumo serio y responsable?
-Pues mire, desconozco los términos exactos a los que se refiere esa campaña, pero puede que tenga usted razón. De hecho, ahora mismo creo estar atravesando la nebulosa de Orión y sin embargo el navegador indica que estamos volando a escasos cien metros sobre Cuenca.
-¿Se puede saber dónde cojones le dieron a usted el título de astronauta?
-¿Astronauta? Quite, quite... Me parece una profesión muy peligrosa.
-¿No es usted astronauta?
-No, no, qué va. Soy cibernauta. Me encanta navegar por internet.
-Pero... En su currículum ponía que le gustaba viajar por el espacio...
-No, no. Lo que me gusta es viajar despacio, disfruto mucho del trayecto, ¿sabe?
-Pero...¿no estuvo usted dos años en la estación rusa Mir?
-No, hombre, no. Estuve dos años tratando de superar el examen MIR para ser médico interno residente, pero desistí cuando me enteré de que tenía que estudiar primero la carrera de medicina... Una locura, vamos...
-¡Haga el favor de volver inmediatamente a la base!
-¿Podría hablar más alto? ¡Aquí dentro no se escucha nada a consecuencia de los cánticos del capitán Kirivalenko!
-¡¡Le digo que vuelva inmediatamente!!
-¡¿Cómo?!
-¡¡Que vuelva!!
-¡¿Qué dice?!
-¡¡¡Vuelva!!!
-¿Huelva? Sí, acabamos de pasarla. Preciosa desde el aire, oiga.


sábado, 21 de enero de 2012

Sucesos par(i)dos... Sherlock Holmes, Watson y el terrible caso del cadáver muerto





-Estimado Watson, me reafirmo en mi diagnóstico. Este cadáver está muerto.

-Déjese de gilipolleces, querido Holmes.

-Es más, me atrevería a afirmar que la muerte se produjo como consecuencia de una hipotermia aguda.

-Céntrese un poco, amigo. No tenemos todo el día...

-Todavía nos queda por resolver un par de cuestiones, Watson. ¿Quién y por qué?

-Eso ahora carece de importancia, Sherlock. Asuntos más urgentes requieren de nuestra presencia.

-Discrepamos en este punto, apreciado Watson. No existe mayor requerimiento que el de esclarecer las circunstancias en las que se ha cometido un crimen.

-No me venga ahora con eso...

-Éste sin duda es, querido amigo, uno de los casos más espeluznantes a lo que nos hemos enfrentado.

-Le digo que no, que no tenemos caso. Tenemos prisa, ¿recuerda?

-Watson, debemos de haber pasado algo por alto. Fíjese bien, no hay rastro de sangre y el asesino se ha tomado la molestia de envolver el cuerpo en una fina capa de plástico transparente. ¿Qué le sugiere esto?

-Me sugiere que esta tarde se ha bebido usted una botella entera de whisky de malta.

-Muy perspicaz, apreciadísimo amigo. ¿Insinúa usted que estoy borracho?

-Si me lo permite, Holmes, le diré que no lo insinúo sino que lo afirmo.

-Maldita sea, Watson, es usted muy avispado. Un jodido cabrón muy astuto, pero ¿sabe qué?... Yo a usted lo quiero mucho... Mucho.

-Ande, no me monte ahora una escenita y sigamos con lo nuestro.

-Espere un momento, amigo Watson. ¿No lo nota usted?

-¿El qué?

-El frío. Hace un frío terrible. ¿No lo nota?

-Efectivamente, querido Holmes. Estamos en la sección de congelados. Vayámonos de una maldita vez. Tenemos numero para la frutería.

-Pero, ¡por Dios!, Watson, ¡debemos resolver este asesinato! ¿Es que no se da cuenta de que sostengo un cadáver en mis brazos?

-Ya vale, querido Holmes, haga el favor de dejar esa bolsa de merluza ultracongelada en su sitio. Tenemos que seguir haciendo la compra.

-No lo entiendo, de verdad, le juro que pensé que...

-No se preocupe, Holmes, son cosas que pasan.

-Ya, pero... Esa merluza está muerta, ¿quién habrá sido?

-Seguramente el Capitán Pescanova.

-¿El Capitán Pescanova? Ese grandísimo hijo de puta vuelve a cruzarse en nuestro camino. Sin duda, doctor Watson, se trata de la encarnación del Rey del Mal.

-Lamento contrariarle, pero no es del mal, sino del mar. Está escrito en la bolsa, ¿lo ve? El Rey del Mar te lo lleva a tu cocina.

-Vaya, lo siento, amigo Watson. Lamento profundamente haberle hecho perder su valiosísimo tiempo.

-No se disculpe, señor Holmes. Tenga, meta unos kiwis en esta bolsa.

-¿Pájaros sin alas embolsados? Vaya, vaya.... Interesante enigma el que plantea usted. La resolución de este acertijo supone un reto para mi capacidad deductiva, apreciado colega.

-Mire, déjese de chorradas. Haga el favor de esperar un momento aquí mientras voy a la sección de lácteos. ¿Quiere alguna cosa?

-Sí, doctor Watson. ¿Haría usted el favor de traerme un queso?

-Claro, ¿alguno en especial?

-Sí.

-¿Cuál?

-El emmental, querido Watson. El emmental.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

Sucesos par(i)dos… En primera persona





Basado en hechos casi ficticios:

-Vamos a ver, Manolín, dado que estamos en clase de gramática, te voy a pedir que analices la frase “Paco duerme siesta todas las tardes”.
-Ya la he analizado, señorita.
-Bravo, Manolín, ¿querrás compartir con el resto de la clase tus conclusiones?
-Claro. Deduzco que Paco es funcionario, jubilado, o bien recibe algún tipo de prestación por desempleo. Por ese motivo duerme siesta todas…
-No, hombre, no. Me refiero a un análisis más gramatical.
-Vaya, ya estamos…
-Vamos a ver, Manolín, ¿sabrías analizar la oración?
-Yo de oraciones poco, señorita, soy agnóstico ortodoxo no practicante.
-Pero seguro que sabrás decirme quién es el sujeto de la oración.
-Bueno, normalmente el sujeto es Jesús.
-¿Cómo que normalmente?, ¿cómo que Jesús? Querrás decir Paco.
-No, no, qué va, es Jesús, a él se encomienda mi madre siempre en sus oraciones.
-No me estás entendiendo. El sujeto de una oración es aquel que realiza la acción que desarrolla el predicado. En el caso de “Paco duerme siesta todas las tardes”, ¿quién sería el sujeto?
-Señorita, en este caso no creo que haya sujeto.
-¿Cómo que no? ¿Y Paco?
-Que yo sepa, Paco está durmiendo, como todas las tardes. No creo que esté para mucha acción.
-Bueno, bueno, no pasa nada. Un mal día lo tiene cualquiera. Definitivamente nos quedamos con que el sujeto es Paco, ¿de acuerdo?
-Si usted lo dice…
-Sigamos pues, ¿qué persona es Paco?
-¿Cómo dice?
-¿Qué persona es Paco?
-Paco… es… Paco, ¿no? A no ser que sea Jesús o el Espíritu Santo…
-No, no es eso a lo que me refiero, ¿qué persona representa Paco?
-¡Ya lo tengo! ¡Es vigilante nocturno!, por eso necesita dormir siesta cada tarde.
-No, no van por ahí los tiros.
-Pues entonces no tengo ni idea. Necesito más datos.
-¿Cómo que más datos?
-Claro, señorita, apellidos, domicilio, número de identificación fiscal, no sé, algo para saber qué clase de persona es ese tal Paco.
-Veo que no dominas mucho la cuestión de los pronombres personales, Manolín. Tienes que estudiar más…
-Dígame al menos el primer apellido, se lo ruego… ¿Es López? ¿Paco López?, ¡¿es Paco López?!, ¡¡por favor!!, ¡¡quiero otra oportunidad!!
-Está bien, vamos a repasar los pronombres personales. ¿”Yo” qué persona es?
-¿Usted? Usted es la señorita, ¿no?
-No me refiero a yo de usted sino a yo de yo.
-Pues no sé, yo de yo será como un yo interior, como una especie de mí mismo.
-No, no, y mil veces no. Vamos a ver, Manolín, ¿quiénes son la primera, segunda y tercera persona del singular?
-¡Ah!, señorita, haber empezado por ahí. La primera persona fue Adán, luego vino Eva, que salió de la fe moral de Adán, siendo la segunda persona, y la tercera persona no me la sé, pero no ha estado mal, he acertado dos de tres, ¿he aprobado, maestra?
-¡No tienes ni idea! ¡La primera persona soy “yo”, y la segunda “tú”!
-Es usted un poco ególatra señorita.
-No soy ególatra, la primera persona siempre es “yo”. Si tú fueses “yo”, tú serías la primera persona.
-¡Qué lío! Si yo fuese usted sería mucho más comprensivo.
-No me entiendes, pregúntate a ti mismo, ¿quién soy yo?
-¿Quién soy yo?
-No es eso, pregúntate ¿qué persona soy?
-¿Qué persona soy?
-No, no, no. Responde a la pregunta.
-Pues soy una persona honesta, sincera y poco estudiosa.
-Veo que no lo terminas de captar. Yo soy yo, y tú eres tú, pero si tú fueses yo, para ti yo sería tú. Yo soy la primera persona y tú la segunda, aunque para ti, tú, que eres yo, serías la primera y yo que soy tú, sería la segunda. Es muy sencillo.
-No estoy de acuerdo, no me gusta nada toda esta compleja arbitrariedad.
-Nada de eso. ¿Quién es la tercera persona?
-¿Aún hay más gente?
-Sí, la tercera persona es “él”.
-¿Él? ¿Quién?
-¡Él!
-¿Jesús?
-¡No! ¡Él, él, él!
-Pero, ¿cuál de todos? El Rober, el Johnny, el Moñas, ¿cuál?
-Es igual, cualquiera de ellos.
-No lo entiendo. ¿El Johnny mismamente?
-Por ejemplo.
-Entonces el Rober, ¿qué es?, ¿cuarta persona del singular?
-Manolín, no hay cuarta persona.
-No lo entiendo, señorita, la gramática no tiene lógica.
-Bueno, Manolín, ¿qué has entendido hasta ahora?
-Poca cosa, que usted es una persona de primera y yo soy de segunda.
-Da igual, ya lo comprenderás cuando vayas a la Universidad, en horario de tutorías. En la oración que nos ocupa, Paco es el sujeto, tercera persona del…
-Alto, un momento, un momento… ¿No habíamos quedado en que la tercera persona era el Johnny?
-Pues ahora es Paco.
-No lo entiendo.
-No hay nada que entender, ¡es Paco y punto!, ¡asúmelo!
-Vale, vale…
-Bien, ya sabemos que Paco es el sujeto, tercera persona, ¿singular o plural?
-Pues Paco López es una persona con una serie de particularidades, como casi todo el mundo, que hacen de él un tipo muy singular. Mi respuesta es singular, ¿es correcto?
-Sí, es correcto. Bien, Paco es el sujeto, tercera persona del singular. Vamos ahora con el predicado, ¿sabes qué es el predicado?
-El predicado es lo que decía el profeta, ¿no?
-No… Bueno… Es posible… ¿Cómo está formado?
-¿El profeta o el predicado?
-El predicado, ¡por Dios!
-El predicado por Dios está formado por los Evangelios, las Sagradas Escrituras…
-Para, para, para... No me refiero a ese tipo de predicado, ¿sabes cómo se forma un predicado normal?
-A base de ejemplos.
-¿Qué cojones dices?
-Pues eso, mi padre siempre dice que hay que predicar con el ejemplo…
-Vamos a centrarnos en la oración que nos ocupa. El predicado sería “duerme siesta todas las tardes”.
-No lo entiendo.
-¿Qué coño no entiendes?
-No me parece que dormir siesta todas las tardes sea un buen ejemplo a seguir.
-¡Y a mí qué más me da que sea un buen ejemplo a seguir! ¡Es una puta frase!, ¡¡es sólo una puta frase para analizar!!
-Señorita, está usted perdiendo los papeles, cálmese, por favor.
-Está bien, de acuerdo, vamos a serenarnos un poco… El verbo, ¿sabes qué es un verbo?
-En el principio.
-¿Cómo que en el principio?
-Efectivamente, y cito textualmente de memoria:"En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas" (Juan. 1:1-3).
-¡Esto no tiene nada que ver con la gramática ni con la sintaxis, ni con nada de nada!
-Señorita, debería usted leer más la Biblia, tal vez ilumine su camino.
-Mira, Manolín, no has estudiado absolutamente nada, tienes una confusión notable.
-¿Notable? Muchas gracias, señorita, es una nota muy buena. Tenía razón, es usted una persona de primera.

lunes, 22 de agosto de 2011

Sucesos par(i)dos…Por los pelos





-Camarero, tengo varios pelos en el rabo.
-Disculpe que no me entusiasme su incipiente virilidad, pero resulta que tengo mucho trabajo.
-No, no es eso. Digo que hay varios pelos en mi rabo de toro.
-La distribución capilar de su miembro masculino, por muy bravo que sea el mismo, es algo que no me incumbe, señor.
-No me ha entendido. Le digo que he descubierto tres pelos al lado del rabo de toro que me ha servido.
-¿Al lado?, ¿de dónde?
-Pues imagino que de alguna de sus cabezas, o al menos eso espero.
-No le preguntaba por la procedencia de los pelos, sino por su ubicación.
-Están en mi plato de comida.
-Eso debería probarlo.
-No creo que me guste.
-Quiero decir que necesito pruebas o que lo demuestre.
-Aquí están, entre el rabo y esta patata.
-Yo no los veo.
-Tendrá usted mal la vista, pero le aseguro que están ahí.
-Ya sé que tengo mal la vista, pero eso no demuestra nada.
-Vamos a ver. Hay tres pelos en mi plato de comida, se lo aseguro.
-¿Y qué quiere que haga yo?
-Que me lo cambie.
-¿Qué clase de cabello prefiere?
-No quiero que me cambie los pelos, sino el plato.
-¿No le gusta el diseño del plato?
-El problema no lo tengo con el plato, sino con los pelos que he encontrado.
-Entonces, ¿por qué quiere que le cambie el plato?
-Me da un poco de asco.
-¿El plato? Le advierto que son todos iguales…
-No. Me dan un poco de asco los pelos que tengo.
-Pues láveselos más a menudo. ¿Utiliza acondicionador para cabello graso?
-Oiga, yo no tengo ningún problema con mi pelo.
-En ese caso no sé a qué viene tanta queja.
-Para ser usted tan imbécil parece bastante profesional.
-Gracias, aunque no sé cómo tomarme eso.
-Como un insulto.
-De acuerdo, sólo quería confirmarlo.
-Bien, ¿me va a cambiar el plato o no?
-Cuando lo pruebe.
-Mire, lo siento, no creo que pueda demostrar la existencia de los pelos si usted no colabora.
-Me refiero a que lo pruebe, tal vez no esté mal de sabor.
-No creo que sepa bien lo que me propone.
-Quizás sí sepa bien, aún no lo ha probado.
-Digo que no tiene usted ni idea. No sepa de saber, no de sabor.
-Hombre, no se precipite, no sabe a qué sabe. Además, quién sabe, tal vez el pelo pertenezca al propio rabo del toro. En ese caso estaría incluido en el menú, ¿sabe?
-Llámeme escéptico, pero unos cabellos de 30 centímetros de longitud y de color rubio platino no creo que sean de toro.
-Nunca se sabe, podría tratarse de un toro muy coqueto y sofisticado.
-Oiga, creo que me está usted tomando el pelo.
-Le aseguro que no, tiene usted una seborrea poco apetecible.
-Tomar el pelo es una frase hecha, ¿sabe lo que significa?
-Que es una frase poco cruda o bien cocinada.
-Sigue usted tomándome el pelo, ¿lo ve?
-Le aseguro que sigo sin verlo, ya le dije que tengo mal la vista.
-Mire, déjelo. Retíreme el plato. Después de comer el rabo de toro, ¿qué viene?
-La digestión del rabo de toro, señor.
-Me refiero a si tiene algunos segundos.
-Me temo que ya le he dedicado demasiado tiempo a usted. Minutos más que segundos, diría yo.
-Quiero decir si tiene segundos platos.
-¡Ah! Sí, tenemos medallones de ternera mechada.
-¿Mechas?
-Señor, le echo la cantidad que usted desee, pero no me sea impaciente…
-No me refiero a eso. Da igual. Tráigame algo para beber mientras tanto.
-¿Mientras qué?
-Tanto.
-¿Tanto qué?
-Tanto da.
-¿A qué tanto se refiere?
-No está usted al tanto.
-La verdad, no tanto.
-Tanto monta, monta tanto.
-Déjese de tanta tontuna, ¿qué coño desea para beber?
-Agua.
-¿Alguna en especial?
-No, simplemente un agua rica.
-¿La quiere del desagüe del fregadero o la prefiere directamente de la fosa séptica?
-¿Cómo dice?
-El agua, usted ha pedido que sea guarrica.
-No me ha entendido. Rica, he dicho rica. Un agua rica, no una guarrica. ¿Comprende la diferencia?
-Ahora sí.
-De acuerdo, pues tráigame un vaso.
-¿Lo desea lleno o vacío?
-Lleno, por favor, de agua limpia de manantial.
-Mire, por la zona no discurre ningún cauce fluvial, si no le importa el agua será de botella.
-De botella estará bien.
-¿Gas?
-No, mejor líquida.
-¿Hielo?
-No coño, ya se lo he dicho, la quiero en estado líquido.
-Disculpe, pero el agua que tenemos es mineral.
-Bueno déjelo, tráigame un café.
-¿Cómo lo quiere?
-Solo.
-Lo siento, pero no podemos desalojar el comedor por el simple capricho de un cliente egoísta y desequilibrado en busca de soledad.
-Me refiero a que quiero el café solo, sin nada.
-Supongo que sin nada, pero con café.
-Claro.
-Entonces será un café con café.
-Eso mismo.
-Un café doble entonces.
-No. Sólo un café solo. De Colombia, a ser posible.
-No es posible. El café es del supermercado, señor.
-Pero supongo que tendrá un origen.
-Sí señor, todo tiene un origen, un fin y una razón de ser.
-Tiene usted razón, aunque ignoro cuál es su razón de ser. Me bastará con que me sirva un café solo, del supermercado y sin pelos.
-¿Qué pasaría si encontrara pelos en el café?
-Que se le iba a caer el pelo a alguien.
-En realidad eso sería la causa, no la consecuencia, ¿no cree?
-Me cae usted mal.
-¿Qué insinúa?
-No insinúo nada. Afirmo que no me gusta nada su naturaleza humana.
-Lo imagino, no tengo ni un pelo de Toronto.
-Querrá decir de tonto.
-No, no, de Toronto. Tengo pelos de Vancouver y de Ottawa, pero de Toronto no. De tonto sí que tengo, se lo estoy tomando a usted en grandes cantidades.
-Haga usted el favor de traer el libro de reclamaciones.
-Le recomiendo cualquier otro tipo de literatura.
-¡Bueno, ya está bien! ¡Estoy harto! ¡Me voy!, ¡dígame qué le debo!
-De acuerdo. Serán 499 euros.
-¡¡¿Está usted loco?!!, ¡¿casi 500 euros?! ¡¡¿Por qué?!!
-Por los pelos, señor, no son 500 euros por los pelos.

jueves, 7 de julio de 2011

Sucesos par(i)dos…Por supuesto que sí







-Hola, ¿está abierto?
-No. Aún no. Abrimos a las 9, todavía faltan unos minutos.
-Pero…si acabo de entrar…
-Pues tendrá que volver a salir.
-No creo que pueda.
-¿Y eso?
-Me ha dicho usted que vuelva a salir. No puedo volver a repetir algo que todavía no he hecho. Como mucho, creo que podría salir por primera vez.
-En ese caso, hágalo. Espere usted fuera, si es tan amable.
-Me temo que eso tampoco va a ser posible.
-¿Qué?
-Me acaba usted de decir que está cerrado. Si salgo ahora tendré que volver a abrir la puerta, y no me gustaría cometer dos veces el mismo error. Soy una persona muy meticulosa y quisiera hacer las cosas bien.
-Tiene usted razón y además goza de mucho sentido común.
-Gracias. ¿Puedo esperar 5 minutos aquí dentro y salgo a las 9?
-¿Tiene usted prisa?
-No.
-¿Entonces?
-Me voy fuera para volver a entrar dentro, dentro de un momento.
-¿Dentro de qué?
-De un momento.
-No me ha entendido. Le preguntaba que dentro de dónde va a ir usted.
-Dentro de aquí.
-¿Y para qué va usted a salir?
-Para hacer las cosas como es debido.
-Ya no es necesario…
-Sí. Sí que lo es. Insisto. Para mí no es molestia, en serio…
-Digo que no es necesario porque ya está abierto.
-Señora, le garantizo que no he tocado la puerta, le doy mi palabra.
-Hablaba en sentido figurado. Ya son las 9 y por lo tanto ya puede entrar el público.
-No sabía que íbamos a tener espectadores, ¿dónde se van a sentar? Esto es muy pequeño, ¿no cree?
-Me refiero a público, gente, clientes, consumidores, personas…
-Comprendo. Si no le importa, voy a salir ahora. ¿A qué hora cierran?
-¡Por Dios! Pero, ¿cuánto va a tardar en volver?
-Quizás 10 o 15 segundos, tal vez más si usted me entretiene con preguntas absurdas.
-De acuerdo, salga, salga.
-No me ha respondido a la pregunta. Si es tan amable, dígame, por favor a qué hora cierran.
-A las 8.
-¡Lo sabía!, ¿lo ve? ¡Ya llego tarde! ¡Ha cerrado usted hace una hora!, ¿Por qué no me ha avisado antes? ¡Es usted una egoísta imprevisible! ¡Su crueldad no conoce límites!
-Cerramos a las 8 de la tarde. Tengo once maravillosas horas por delante para atender con saña despiadada a ejemplares de clientes como usted.
-Ufff, mucho mejor así. Ahora vuelvo.
-Como quiera…pero cierre al salir.
-¿Cierro antes, después o justo en el instante de salir?
-¿Por qué no me dice lo que quiere y acabamos ya con esto?
-Lo que quiero es salir, me estoy agobiando mucho.
-Váyase a tomar… el fresco.

………………………………………………

-Hola de nuevo, quisiera hablar con el dependiente.
-Lo siento señora, pero el muchacho del piercing hace un mes que ya no trabaja aquí.
-Creo que no me ha oído bien. Está usted un poco sorda.
-Con todos los respetos, gorda estará su madre.
-Sorda, dije sorda.
-Discúlpeme, creo que no oigo demasiado bien.
-Bien, si no está el dependiente me gustaría hablar con el responsable.
-Pues él mismo fue el responsable de su propio despido. Descubrimos que robaba chinchetas y las introducía en el mercado negro de lentillas de sol o también llamado mercado de lentes oculares fijas permanentes reflecto-refractantes opacas.
-¿De lentillas de sol o qué?
-Opacas.
-No. Me refería a la segunda forma de llamar al mercado ese.
-¡Ah! Mercado de lentes oculares fijas permanentes reflecto-refractantes opacas.
-¡Santo cielo! ¿Cómo es posible?
-Pues muy fácil, clavándose las chinchetas en los ojos, en teoría son muy útiles para evitar el exceso de luz solar. Como si fueran unas gafas definitivas, sin mantenimiento ni nada. En nueve de cada diez ocasiones, el globo ocular no resiste la incisión de la chincheta, pero no importa, porque en esos casos se rellena la cuenca vacía con plastilina blanca y se le adhiere un gomet de forma circular y color a elegir por el cliente. Ni falta hace decir que el dependiente despedido también robaba la plastilina y los gomets.
-Imagino que con chinchetas en los ojos se verá todo muy oscuro.
-Así es. Esa es la razón por la que se llama mercado negro.
-Ya veo.
-Usted sí, el 90% de ellos, por desgracia, ya no. De todas formas, ¿qué quería usted?
-Depende de lo que tengan. ¿Qué venden aquí?
-Se supone que usted ha entrado aquí porque viene buscando algo en concreto.
-En efecto, tiene razón, se supone.
-Tiene usted mucho tiempo libre, ¿verdad?
-En absoluto, siempre estoy ocupada tratando con gente supuestamente profesional.
-Supongo que se trata de una alusión hacia mi persona.
-Supone usted bien. ¿Tiene más suposiciones?
-No, se nos han acabado. Me queda un vayaseustedalamierda, ¿lo quiere?
-Detecto cierta hostilidad, ¿le supone algún problema mi presencia?
-Supongamos que sí.
-Suposición incorrecta.
-Se equivoca, mi posición es totalmente adecuada.
-No me refiero a su posición, sino a su suposición.
-¿Presupone que supongo mal?
-Presumiblemente.
-¡Váyase usted a la mierda! ¡Se lo regalo!
-Supongo que me lo he ganado.
-¡Por supuesto que sí!



lunes, 6 de junio de 2011

Sucesos par(i)dos…una empanada mental


Tras unos días sufriendo de ansiedad, y a la espera de que me abandone definitivamente, mi regreso no podía estar mejor justificado que con una visita a la consulta del médico.




-Doctor, estoy fatal.
-¿Qué le pasa?
-¿A quién?
-Dice que está fatal, ¿qué le ocurre?
-¿A quién?
-A usted, coño. A usted.
-¿Lo ve? Me está hablando en tercera persona y no me entero. Tengo un problema con las conjugaciones verbales, me ocurre en multitud de ocasiones.
-¿Verbigracia?
-No sé si se llama verbigracia o verborrea, pero a mí no me hace ni puta gracia.
-Ya veo, ya veo. ¿Qué le pasa a usted?
-Pues verá, mi mujer dice que tengo una empanada mental, ¿es grave?
-¿Es gallega?
-No. Mi mujer es senegalesa.
-Me refiero a su empanada.
-No, ella no las sabe hacer.
-Su empanada. La suya de usted. La mental, ¿recuerda?
-Sí, me suena de algo…
-Vamos a ver…
-Hablando de la vista. No veo claro el futuro.
-Mire, soy médico no vidente.
-¿Es usted ciego?
-No. No soy invidente, pero tampoco vidente.
-Es usted muy críptico, doctor, eso sí es evidente.
-Bueno, ¿ha visto usted alguna vez destellos en la oscuridad?
-No,  no conozco esa película. Yo soy más de cine de autor comprometido socialmente. “Asesinato justo” o “Estoy hecho un animal” van en esa línea.
-¿Le gustan a usted ese tipo de películas?
-No. En realidad las veo por compromisos sociales que tengo.
-De acuerdo. Dice que no ve claro el futuro, ¿a qué se refiere exactamente?
-Al futuro, que no lo veo claro.
-Oiga, ¿podría darme alguna pista más?
-Que lo veo todo negro.
-Tal vez necesite gafas.
-Pues cómpreselas, doctor, no sé por qué me cuenta esto a mí.
-Me refiero a usted. Tal vez usted las necesite.
-No creo. Lamento contrariarle, pero el presente lo veo bien. Lo que veo negro es el futuro.
-Quizás eso tenga algo que ver con el hecho de que desde que entró usted en la consulta ha mantenido los ojos cerrados. Trate de abrirlos, si no es mucha molestia.
-Muchas gracias, doctor, me ha devuelto la visión de futuro.
-¿Cómo se siente ahora?
-¿Quién?
-¡Usted, joder! Creo que vamos a tener que dejar de lado el tratamiento formal. Así no nos entendemos.
-¿Qué tratamiento? No sabía que ya me había recetado algo.
-Me refería al tratamiento de usted.
-Ya, al mío me refiero yo también, ¿qué es lo que debo tomar?
-Nada, déjelo, es igual. Antes le pregunté que cómo se sentía.
-¿Cuándo?
-Antes.
-¿Antes de qué?
-Antes le pregunté que cómo se siente ahora.
-¿Quiere que se lo diga ahora o antes? Antes ya no se lo puedo decir porque el inexorable devenir lineal del tiempo me lo imposibilita. Pero si tenemos en cuenta que ahora será antes dentro de un momento creo que me he bloqueado.
-No sufra. ¿Qué tal se siente ahora?
-Mucho peor.
-¿Por qué?
-Ahora lo que no veo claro es el pasado.
-Tal vez esté falto de memoria.
-Pues no lo deje pasar, doctor. Debería tomar usted más fósforo.
-¡Me refiero a usted!
-¿Falto de memoria? ¿Yo? Está usted muy equivocado, señor agente.
-¿Lo ve? No tiene usted recuerdos a corto plazo.
-Ahora lo veo todo claro. Creo que está tratando de confundirme, señor profesor.
-El diagnóstico de su mujer es bastante acertado.
-¿Qué le ocurre a mi mujer? Dígamelo, sin trapos calientes.
-Se dice sin paños calientes.
-No es momento de sacar los paños sucios.
-Se dice sacar los trapos sucios.
-Veo que es usted el puto amo de la jerga del sector textil, ¡vaya tela!
-No quisiera faltarle al respeto, pero dígame qué más puedo hacer por usted. Tengo más pacientes que atender.
-¿Y son pacientes de verdad?
-Por supuesto.
-Entonces no les importará esperar, pues la paciencia es la cualidad que define al paciente.
-Bueno, déjese de tonterías. ¿Desea algo más?
-Sí, un café y media tostada con aceite, camarero.
-Tenía usted razón. Está fatal. Memoria de mosquito, vista de murciélago, y por si esto fuera poco, veo que tiene patas de gallo.
-¿Insinúa usted que sufro una especie de metamorfosis animal?
-Se podría decir que, en el plano conceptual y desde el punto de vista meramente teórico, es usted una esfinge venida a menos.
-¿Cree que me estoy transformando en un ser mitológico?
-Verá, de mito tiene usted poco y de lógico menos todavía, así es que no.
-¿Qué me dice sobre mi belleza interior?
-Que debe de tener usted un bazo muy hermoso.
-Gracias, preciosa. Lo tengo hermoso y además suave.
-¿Suave?, ¿el bazo?
-En efecto. Aunque sería más acertado decir los bazos.
-¿Bazos?, ¿acaso cree tener más de uno?
-Por supuesto, tengo dos. Me los hice depilar junto con las piennas a través de rayos lácer.
-Querrá usted decir rayos láser.
-No, lo siento pero no lo querré decir.
-Mire, señor, se me está agotando la paciencia.
-A mí también. Hace más de un cuarto de hora que le pedí un café y media tostada, ¿a qué coño espera?
-No me parece muy apropiada su elección.
-¿Y eso por qué?
-Considero que a su empanada mental le va mejor un poco de vino de aguja.
-¿Rosado?
-No. Hipodérmica.
-Pues no se hable más. Le invito a una ronda, señor agente.



martes, 17 de mayo de 2011

Sucesos par(i)dos…un aspirador que no aspira







-Buenos días, quisiera hablar con el encargado.
-Con el encargado, ¿de qué?
-Con el dependiente.
-¿De qué?
-Dependiente.
-No. Le pregunto que con el encargado o el dependiente de qué quiere hablar.
-Pues quiero hablar sobre la vida amorosa de los cetáceos, no te fastidia.
-Señor, tranquilícese. No le pregunto sobre qué tema quiere hablar con él, sino con el encargado o dependiente de qué sección quiere hablar.
-Con el que atiende las quejas y reclamaciones.
-Desafortunadamente no está, pero yo mismo le podré ayudar, soy un gran amante de la vida submarina, ¿qué desea saber sobre el sexo entre ballenas?
-Estaba siendo sarcástico, ¿entiende usted?
-No, lo siento. Yo soy heterosexual.
-Digo que si sabe lo que es el sarcasmo.
-Creo que es la caja donde enterraban a los faraones.
-No, craso error. Eso sería un sarcófago.
-¡Vaya estupidez! Apuesto a que un sarcófago es alguien que come carne de animales muertos. ¿Afirma usted ser un sarcófago?
-No. Soy sarcástico.
-¿Eso es contagioso?, ¿está usted enfermo?
-No estoy enfermo, pero usted me está poniendo un poco.
-Lamento contrariarle de nuevo. Me reafirmo en mi condición sexual y, en cualquier caso, usted a mi no me pone en absoluto.
-¡Digo que soy sarcástico!
-¿Perdón?
-¡¡Sarcástico!!
-Ya le he oído, no hace falta que grite. Le pedía disculpas porque no he podido reprimir una ventosidad. De todas formas, parece estar usted muy orgulloso de comer carne muerta.
-Oiga, yo no como carne muerta. Bueno…sí, ¿qué más le da?
-No, si a mí no me importa… Yo soy vegano de grado 5. No como nada que proyecte sombra.
-Muy interesante, pero me da igual su dieta. Tengo un problema.
-Mire, esto es una tienda de electrodomésticos. El psicólogo está justo en el local de arriba. Le curará muy bien de la necrofagia esa que padece.
-No me ha entendido. Tengo un problema con ustedes.
-¡Ah! ¿Cuál es el problema? Dígame, dígame.
-Verá, la semana pasada compré un aspirador y resulta que no cumple su función.
-¿Qué es lo que espera usted de él?
-Pues que aspire.
-¿No aspira?
-No.
-¿Nada?
-¡Por Dios! ¿Cómo va a nadar?, ¿es usted gilipollas?
-No. Le pregunto que si no aspira nada.
-¡Ah! Lo siento. No. No aspira nada.
-No se preocupe. A mi hijo le ocurre lo mismo.
-¿Cómo dice?
-Mi hijo, que no tiene metas en la vida, no se le ve ilusión por las cosas. En definitiva, que no aspira a nada tampoco.
-Ya, bueno. Pero mi aspirador no es igual que su hijo.
-Soy consciente de ello. Es algo que se le pasará. Espero que cuando madure sea capaz de valorar lo que su madre y yo hemos hecho por él.
-Muy bien, pero ¿qué hago yo con mi aspirador?
-Busque ayuda. Un psicólogo podría ofrecerle asesoramiento. Arriba tenemos uno.
-¡Oiga! ¡Yo no necesito orientación psicológica!
-A nosotros también nos costó asumirlo. El primer paso fue reconocer como propia la incapacidad para acercarnos a nuestro hijo.
-¡Ya! Pero, ¿cómo puedo aplicar esto con mi aspirador?
-No sé, trate de hablar con él, no se muestre distante. Utilice su inteligencia, hombre.
-¡Basta! Lo que quiero es que el aspirador haga lo que espero de él.
-Veo que además de sarcófago es usted un intransigente. No sea tan duro con él.
-¿Qué quiere que haga? Fui educado en el seno de un hogar estricto. Nos gusta que las cosas funcionen como es debido.
-Tenga un poco de mano izquierda.
-Oiga, lo que  tengo es la casa hecha un asco.
-¡Hombre! Ahora lo entiendo todo. Es usted el típico cerdo que debería aprender a predicar con el ejemplo. ¿Cómo pretende que el aspirador asuma su papel si usted como padre es un auténtico puerco asqueroso?
-¡La culpa de que mi casa esté hecha una pocilga es del maldito aspirador!
-Veo que usted es incapaz de asumir las responsabilidades propias de un adulto. Culpando a los demás de su propia ineptitud no va a solucionar las cosas. Debería darle vergüenza, ¡madure de una vez!
-Mire, esta conversación no nos lleva a ningún sitio. Creo que el problema está en que el aspirador no hace bien el vacío.
-¿Y a eso le llama usted problema?
-¿Cómo dice?
-El hecho de que el aspirador no le haga el vacío es un primer paso, quiere decir que le escucha y que no le ignora.
-Verá, en realidad yo lo que quiero es devolverlo todo…
-Eso sí que no se lo voy a consentir, ¡en mi mostrador no vomita ni Dios! ¡Váyase usted a echar la pota a su mugrienta y cochambrosa guarida!
-Me temo que no me ha entendido. Le digo que quiero devolver el aspirador con todos sus accesorios.
-¿Pero cómo ha sido usted capaz de zamparse el aspirador, los tubos y la escobilla? ¿No ve que le puede hacer daño? ¿Qué se ha creído usted, un aspirador de aspiradores, un aspiradófago? Así no me extraña que no vaya bien…
-Mire, de verdad, déjelo. No puedo más. No quiero un aspirador que no funciona. Aquí se lo dejo. Renuncio a cualquier tipo de reembolso económico. Desisto.
-Vamos, hombre, no me sea tremendista.
-¿Ah, no? ¿Y qué quiere que haga? ¿Para qué me sirve un aspirador que no aspira?
-Pues verá, los reproductores de música no tienen descendencia y nadie se rasga las vestiduras. Igual que las neveras, que tampoco nievan. Ni las radios tienen diámetro. Por no hablar de las llaves inglesas, que no hablan idiomas. No lo tome todo en el sentido literal, no sirve de nada.
-Vaya, en estos momentos creo que el que no sirve para nada soy yo.
-No, hombre, claro que sirve, tan sólo debe aspirar a más.



lunes, 2 de mayo de 2011

Sucesos par(i)dos…un atraco frustrado tratado de perpetrar por un atracador frustrante





Nota: se aconseja pinchar el enlace con el fin de hacer la historia más creíble.





-¡Arriba las manos! ¡Al suelo!
-¿Cómo dice?
-¡Esto es un atraco!
-¿Viene usted del Ministerio de Hacienda?
-¡No, coño! ¡Soy un particular! ¡Arriba las manos!
-¿Podría pasar usted mañana?
-¿Qué dice?
-Ahora me viene mal. No estoy de humor para atracos, es la hora de cerrar y esta noche hay partido en la tele.
-¡Hostia! ¿Quién coño está atracando? ¿Usted? No. Sin embargo yo sí, ¿verdad? Pues deje que atraque cuando me venga mejor a mí. Mañana me viene fatal, así es que le atraco ahora.
-Para atraco, lo que me cobraron el otro día por la gasolina…
-Pues sí, tiene usted razón, si yo le contara…Pero no me cambie de tema, ¡Maldita sea! ¡Al suelo!
-¿Boca arriba o boca abajo?
-¿Qué más da? ¡Tírese al suelo!
-Lo digo porque boca abajo es más jodido levantar las manos sin parecer una morsa varada en la playa.
-¡Déjese de tonterías! ¡Estoy muy loco!
-¿Lo ha visto a usted algún psiquiatra?
-¡Al suelo o le meto un tiro en la sien!
-Oiga, no es por nada, pero me está usted apuntando con un manojo de cebollas tiernas.
-¡Da igual, quédese con el concepto! Además son cebollas de las que hacen llorar mucho.
-Dígame, en serio ¿qué es lo que desea?
-¡Deme toda la pasta!
-Verá, la pasta está a mitad del segundo pasillo, junto a los arroces. Si quiere pasta fresca, la puede encontrar en la zona de refrigerados.
-¡Basta! ¡Deme todo el dinero que tenga!
-De acuerdo, con la condición de que se lleve a mi esposa, ¿quiere también que le ponga la hipoteca a su nombre?
-¡Oiga, su actitud me insulta! ¡Oponga usted algo de resistencia, joder!
-No me da la gana, tengo una vida de mierda y me quiero morir. Ya podría haber venido usted preparado con un revólver o un cuchillo bien afilado. Si quiere le puedo ofrecer una navaja suiza que tenemos en oferta, ¿le interesa?
-No me interesa. Lo siento, espere un momento. Me llaman por teléfono. Creo que es mi mujer. Tenga esta cuerda y vaya mientras tanto atándose los tobillos y las manos. Ahora mismo estoy de nuevo con usted.
-………
-¿Sí?, dígame…¡Ah! Hola, cariño, ¿qué tal todo?
-……..
-Escucha, ahora me pillas mal, estoy… trabajando…
-…….
-Sí…, ya sé que te dije que volvería temprano…
-…….
-Que sí…, que ya he comprado las cebollas tiernas…
-…….
-No…, eso aún no he tenido tiempo de comprarlo…
-……
-Escucha, no te preocupes, que estoy en el supermercado…No, aún no han cerrado…Sí, es por mi culpa, como siempre, estoy liando al dependiente…
-……
-Vale, todo eso y el pan de molde, ¿algo más?... Es verdad, los cereales de los niños…Me pillas algo ocupado, ¿sabes?...Pues nada, nena, un tema de nudos…Estoy tratando de atar un asunto…
-……
-¿Cómo que Manolito ha suspendido las matemáticas?...¡Oye, oye! ¡Que no es culpa mía que no sepa copiar como yo le enseñé!
-…..
-¿Cómo que viene tu madre a cenar?... ¡Si ya vino el año pasado!
-……
-¡Ya sé que la casa está hecha un desastre! ¡Vivo allí!, ¿recuerdas?…Sí, me tocaba fregar hoy a mí…Lo siento, lo siento…Lo hablamos cuando llegue a casa, mi vida…
-…….
-Ahora no puedo…¿Se va a dormir la niña?...Dale un beso de buenas noches de mi parte…
-……
-¡No! No me la pases…¡Que no le puedo cantar ahora la canción del osito mofletitos…!
-……
-¡Oye! ¡No, coño! ¡Que no es buen momento, joder!....¡Ah, hija! ¡Eres tú!....Claro, claro, papi está trabajando…No, cielo, no te pongas a llorar…
-……
-Vale, pero sólo un trocito…
-Oiga, no quisiera interrumpirle, yo voy a ir cerrando, por adelantar. Pero usted siga, siga…
-¡Me cago en todo lo que se menea! ¡Usted no se mueva de ahí!
-……
-¡No! Hija, no te decía a ti. Papi hablaba con un señor muy malo de la tienda…De verdad, si papi te quiere mucho…
-Le juro que si canta la canción del osito mofletitos me mato yo mismo ahora.
-Hija, papi tiene que colgar, ahora está muy ocupado…
-……
-¡No! ¡No me la pases! ¡Que no quiero hablar con tu abuela!...
-Si quiere me voy golpeando la cabeza contra el mostrador, a estas alturas del atraco siento que necesitaría haber perdido el conocimiento hace rato.
-¡Usted cállese! ¿Quién coño se cree que es? ¡Aquí soy yo el que toma las decisiones y el que da las órdenes!...¡No, doña Remigia, no le decía a usted!...¡Que no! ¡Que no!...
-……
-¡Déjeme explicarle doña Remigia! ¡Oiga! ¡Oiga! ¡Que no! ¡Que no! ¡Oiga! ¡Oiga!¿Me oye? ¿Oiga? ¡Me la colgado! ¡Será….suegra! ¡Mierda!
-¿Problemas domésticos?
-¿Usted qué cree?
-¿Sobre qué tema?
-Déjelo. Cancelo el atraco. Renuncio a la vida de pendenciero.
-Hombre, no se desanime, que no iba tan mal. Ya casi me tenía a su merced…
-No creo, eso se lo dirá usted a todos…
-No, en serio, me ha gustado mucho su actitud inicial, tiene usted madera de delincuente y un futuro prometedor en el mundo del crimen desorganizado.
-Muchísimas gracias, no se imagina lo que agradezco sus palabras de ánimo.
-¿Por qué no lo vuelve a intentar usted mañana?
-¿Mañana? Imposible, tengo pilates. ¿Qué tal el sábado?
-El sábado es perfecto. Suelo hacer más caja y se puede usted llevar un buen botín.
-¡Genial! Nos vemos el sábado. Una cosa más. ¿Puedo pagar las cebollas tiernas con tarjeta de crédito? No llevo dinero suelto…
-¡Así no va usted bien! ¡Golpéeme y salga corriendo con ellas!
-¿Pero…?
-Nada de peros, ¿a qué espera?
-Vale, vale, voy…
-¡Así no!, ¡coño!, ¡con más entusiasmo! No me pegue usted con las cebollas, que me da la risa…
-Si insiste…Le voy a dar un puñetazo, cierre los ojos, por favor.
-¡Mucho mejor! ¡Ahora corra! ¡Corra!
-Gracias, y lamento mucho haberle roto la nariz, ¡hasta el sábado!
-¡Vale, hasta el sábado! ¡Y venga después de comer, que a las once he quedado con un grupo antisemita que viene a confiscar todas las judías que tengo!


martes, 19 de abril de 2011

Sucesos par(i)dos….Fray Guillermo, un monje claustrofóbico





Nota: para la lectura del presente artículo se recomienda pinchar sobre el enlace, en aras de conseguir un mayor grado de implicación emocional con el asunto tratado.





-Querido fray Eustaquio, debo confesarle algo.
-Me honra usted, señor Abad. Sin Pecado Concebido, ya puede comenzar.
-No deseo confesarme, tan sólo quiero hablarle acerca de una cuestión.
-De acuerdo Padre, hable, hable.
-Nuestro hermano Guillermo nos va a dejar.
-¿Va a morir?
-No. Ha pasado a otra vida, tal vez a una mejor.
-¿Ha muerto ya?
-No. Ha dejado los hábitos.
-Ya era hora. Tenía unas costumbres horrorosas.
-No es eso, hermano Eustaquio. Ha abandonado nuestra orden.
-Siempre fue un desastre y un desorganizado, no le iban las órdenes para nada.
-Sí, eso es verdad.
-¿Por qué se va?
-Padece claustrofobia.
-¿No le gusta nuestro claustro?
-No lo sé. Creo que no quiere seguir durmiendo en una celda. Afirma sentirse como un preso.
-¿Preso de qué?
-De su propia claustrofobia, supongo. El caso es que ha recibido la Llamada.
-¿Qué llamada?
-La Llamada del Señor.
-¿De qué señor?
-La del Padre.
-¿De qué padre? El suyo lo abandonó…
-Sí, cuando tenía tan sólo 39 años, ¡qué canalla!
-Es cierto, pero… ¿De quién era la llamada?
-Del Todopoderoso.
-¿¿Donald Trump es su padre?? ¡¡Qué fuerte!!
-No, hermano Eustaquio. Dios lo ha iluminado con su luz.
-¿Con qué luz?
-La que le guiará en su camino.
-A ver si me aclaro, ¿estamos hablando de faros antiniebla o de un GPS?
-No es eso, hijo. Se trata de una luz interior.
-No me diga que se ha convertido en un ser autoluminiscente. O a ver si van a ser gases...
-No, déjelo, no importa. El hecho es que se va.
-¿Dónde irá ahora?
-Se va a unas Misiones.
-¿Secretas?
-No. Divinas.
-¿Divinas de la muerte?
-No, va en representación de Dios.
-¿Él no puede ir en persona?
-¿Quién?
-Dios.
-No, tiene mucho papeleo.
-¿Dónde?
-En el Más Allá.
-¿Más allá con respecto a qué?
-Más allá con respecto a aquí.
-¿Muy lejos?
-Sí, en el infinito.
-Pero Padre, los problemas están más en el más acá que en el más allá, ¿no cree?
-Sí, y por eso irá Guillermo.
-Pero... ¿No había muerto por unos gases luminosos?
-No. Va a llevar el mensaje de Dios.
-¿No podría alguien enviar un e-mail?
-No.
-¿No tienen fax allí?
-No lo sé. Debe ir Guillermo.
-¿Va él sólo?
-No. Dios estará con él.
-Pero, ¿no tenía mucho papeleo?
-Es una forma de hablar, hijo mío.
-Entonces, ¿va con Dios o va sólo?
-Me imagino que se decidirá en el último momento.
-¿De qué va el mensaje?
-Es Su palabra.
-¿Qué palabra?
-La de Dios.
-La palabra D-i-o-s tiene sólo cuatro caracteres, podría twittearla, o enviarla por sms, ¿no sería más barato?
-No, hijo mío. Dios tiene un Plan.
-Pero…¿No tenía mucho papeleo? ¿En qué quedamos?
-No. Digo que Dios tiene un Plan para cada uno de nosotros.
-¿Usted cree que me llevará de pic-nic a mi alguna vez?
-No lo sé. Quiero decir un Plan Mayor.
-¡Ay, señor Abad! ¡No me diga que me llevará de ruta por el románico catalán! ¡Qué ilusión!
-Me refería al Plan para el hermano Guillermo.
-¿Pero no se iba por la claustrofobia?
-Cierto.
-Entonces…¿ha sido Dios el que le ha inculcado su patología? Eso no es plan.
-No sé qué decirle… La cuestión es que tal vez lo acompañe la Madre Teresa.
-No sabía que su madre se llamara Teresa. Me doy cuenta de que hablamos poco entre nosotros.
-La Madre Teresa no es su madre, es tan sólo una Hermana.
-Tampoco estaba al corriente de que Fray Guillermo tuviera hermanas.
-Déjelo, de verdad, no creo que sea capaz de entenderlo.
-Oiga, señor Abad, ¿a qué sitios se van de Misiones?
-Primero Sudán y luego Irán.
-¿¿Cómo?? ¿A qué se refiere con eso de sudar antes de ir?
-Sudán. ¿Sabe por dónde le digo?
-Pues sobre la Madre Teresa no dispongo de datos, pero sobre el Hermano Guillermo desgraciadamente sí. Fundamentalmente le sudan las axilas y los pies. Creo que no traspira bien, su celda olía como la de un legionario.
-Hermano Eustaquio, ¿verdad que no sabe usted lo que es Sudán?
-Hermano Abad, la duda ofende. Claro que lo sé. Es la tercera persona del plural del presente de indicativo del verbo sudar. Usted mismo me enseñó las conjugaciones.
-Sudán es un país de África.
-Vaya, es muy coherente.
-¿Por qué dice eso?
-Porque supongo que hará calor allí.
-Pues sí, hermano Eustaquio, tiene usted razón.
-¿Y luego dónde van?
-Irán.
-Eso, irán, en futuro, lo capto, pero ¿dónde?
-Irán, Irán, se lo estoy diciendo.
-¡Ya sé que irán! ¡Claro que irán! No me tome por estúpido. ¿Dónde irán es lo que le estoy preguntando?
-Irán, Asia.
-Sí, irán hasia… ¿dónde?
-Es igual, déjelo. Quédese con que irán y luego volverán.
-Volverán es un país, ¿verdad? Como el de Nunca Jamás, ¿a que sí?


Si te ha gustado esto, tal vez te interese