miércoles, 12 de enero de 2011

Hoy cocino yo…alta cocina (cuarta parte)

PRIMEROS PLATOS

A estas alturas se empieza a manifestar de forma ostensible y palpable el contraste y desequilibrio cuantitativo al que nos venimos refiriendo últimamente.

Comenzaremos comentando la columna de la izquierda. En orden descendente, encontramos ejemplares de COCIDO, FABADA y TORTILLA DE PATATAS. Punto. Nada más, res de res, nothing at all, rien de rien, niente di più. Se dice pronto, tanto como inversamente proporcional al tiempo que tardaremos en meternos estos platos entre pecho y espalda. Si tratásemos de explicar lo que vemos a cualquier persona ausente, bastaría con pronunciar en voz alta y clara las palabras mágicas: COCIDO, FABADA Y TORTILLA DE PATATAS. No hará falta salpicar nuestro discurso de retórica barata. Seguramente serán capaces de reconstruir mentalmente unas imágenes análogas a las que aquí se muestran.

Sin embargo, tratar de ser breve a la hora de explicar la columna derecha es, como poco, una utopía propia de mentes ilusas y pueriles.
Quiero pensar que cuando Baltasar Gracián, allá por el siglo XVII, dijo aquello de “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”, y posteriormente ya bien entrado en siglo XX Ludwig Mies van der Rohe acuñó el famoso “menos es más”, no se referían precisamente a esto.

Al observar detenidamente el primer plato de la columna derecha, no puedo dejar de preguntarme qué será esa……..”COSA” que flota en un charquito de petróleo. En estos momentos de angustia y crisis agnósica, más que nunca, os invito a vosotros, apreciados lectores, a que participéis activamente formulando hipótesis, con el fin de, entre todos, acceder a la luz del conocimiento verdadero. En cualquier caso, la…....”COSA” me transmite sensaciones de soledad infinita, vacío espiritual y osadía moral, entre otras. Cometeré el atrevimiento de poner el siguiente nombre a la delicatesen en cuestión: “laminilla revirada de misterio del Chef, sobre lecho de crujiente barquito de sorpresa sensorial a la deriva en océano oleico-lactoso, con deconstrucción de microsépalos fitocaducifolios”.




La segunda imagen asciende un peldaño más en la escalada de desconcierto al que venimos asistiendo. En este caso se añade un componente de sadismo que no me deja indiferente. Tengo la impresión de que se trata de….... ¡¿DOS CARACOLES?!. Uno en el centro, víctima de un despiadado expolio, yace tendido, humillado y ajusticiado sobre un cadalso compuesto por un picatoste de pan crujiente. El otro, es obligado a presenciar la grotesca escena desde el extrarradio del plato. Éste último permanece acojonado, con las piernas (o la mucosa) temblando, pensando que se ha librado por los pelos (o los cuernos) de una muerte vil y angustiosa, sin poder reunir el valor suficiente para acudir al rescate a su compañero de andanzas (o arrastranzas) agonizante, o para, al menos, ofrecerle un último y cálido abrazo mucoso al pie del patíbulo.

Prestad atención ahora al tercer plato. No tengáis prisa, tomaos vuestro tiempo. Contemplad la obra. ¿Qué será…?, ¿qué será…?. Ni puta idea, ¿verdad?. Pues bien, quizás os sorprenda saber que he podido averiguar, tras una profunda investigación, que se trata de un plato de…..PASTA. Sí señor, de pasta. Concretamente se llama “Ravioli al salmón”. Y quiero destacar que digo bien, ravioli, en singular, ya que tan solo hay uno. Probablemente la abundante espuma, cuya plasticidad y capacidad evocadora de ambientes marinos nadie pone en duda, no termina de acompañar en la labor de conseguir que el plato resulte mínimamente deseable o apetecible.

 Quizás el verdadero significado que se esconde tras esta última serie de platos trascienda nuestra capacidad cognitiva. Posiblemente se trate de una metáfora indescifrable, de un grito mudo de dolor desgarrador, de una canción que el viento nos robó, del espejo en que se mira, sin saberlo, la soledad que invade al creador, al demiurgo de los fogones, al genio incomprendido. Quisiera quedarme con esto último, quizás más tranquilo, pero con seguridad, más hambriento.

martes, 11 de enero de 2011

Hoy cocino yo…alta cocina (tercera parte)

Me dispongo a retomar el camino por la senda que en días previos comenzamos a trazar a través del delicioso y suculento microcosmos culinario. Con el artículo presente se pretende culminar (o casi) el tan profundo como arbitrario estudio que hemos dedicado a la alta cocina, y a las diferencias que presenta con respecto a la cocina tradicional.
Abordaremos hoy los aspectos relativos a la cantidad y proporción de comida que se presentan en sendas variantes gastronómicas. Para tal fin, creo conveniente apoyar e ilustrar mi discurso a través de imágenes que nos permitan tomar justa conciencia y mesura de aquello a lo que me voy a ir refiriendo. Haciendo mío el lema del gremio forense, vamos por partes:

ENSALADAS

Si en el “Mesón Casa Paco” nos da por pedir una ensalada mixta, nos traerán algo similar a lo que muestra la imagen de la izquierda. De hecho, no esperaremos otra cosa.
Ahí está todo, bien junto. Lechuga, tomate, zanahoria, atún, cebolla, huevo, etc…se tocan, se superponen, se abrazan y se funden formando una única cosa cuyo significado y significante coinciden, concretando una realidad fáctica llamada ENSALADA.

En el caso de pedir una ensalada en “Fourchette bleue”, podemos ser deleitados con una composición como la de la imagen de la derecha. Nada se toca. La relación entre los elementos es puro equilibrio, armonía y a la vez contraste perfectamente estudiado.
 Lo primero que debemos hacer cuando se nos presenta un plato así es discernir, mediante una detenida inspección visual, lo que es para comer y lo que no. Dado que, en general, el ser humano carece de la humildad necesaria para reconocer su propia ignorancia ante un dilema de esta índole, vamos a sugerir desde aquí un criterio, vago, pero criterio al fin y al cabo, para determinar lo que es comestible y lo que es puro atrezzo: apartad todo lo verde y comed el resto, si es que queda algo. En este caso, como podéis ver, se salvan dos cuartas partes de tomatito cherry y varias láminas de manzana hábilmente dispuestas y repartidas. En principio tampoco somos muy partidarios de ingerir flores y chorretones de líquidos de composición desconocida.




De aquí en adelante, para no abusar de la redundancia y siguiendo el criterio que hemos adoptado con las ensaladas, situaremos a la izquierda los platos procedentes de “Mesón Casa Paco”, y a la derecha los de “Fourchette bleue”.

HUEVOS

La cuestión de los huevos es algo que toca recurrentemente la alta cocina (cada cuál que le dé el sentido que desee al enunciado anterior).
A la izquierda podemos observar lo que se conoce como HUEVO FRITO. Como veis, los huevos nunca vienen solos. Suelen traer acompañamiento, en este caso lo hacen con PATATAS FRITAS y CHISTORRA. El concepto de huevo aislado no existe en la cocina tradicional. Una vez más, los alimentos se presentan amontonados y superpuestos. Horror vacui. La acumulación es tal que alguna patata tiende a trascender el espacio físico del plato, tratando de huir atemorizada.
Lo de la derecha no tiene nombre. Bueno, sí. Me he permitido el lujo de bautizar a este plato con el nombre de “Huevos Asimétricos Equidistantes”. Para ser sincero he de reconocer que con anterioridad se me ocurrieron los de “Manda Huevos” y “Con un Par”, pero me han parecido menos apropiados.
¿Qué se podríamos decir de este plato? Pues muy poco a su favor, la verdad. En primer lugar, aplaudir y alabar el equilibrio con el que están dispuestos sobre esa especie de virutas esparcidas por la base. En segundo, reconocer el mérito del que logró sacar la yema intacta. Por último, un consejo: antes de hincar el diente al huevo que se muestra en primer plano, convendría asegurarse de que no está confeccionado con corcho blanco.




Seguiremos mañana, con los primeros y segundos platos, así como con los postres. Que aproveche!

domingo, 9 de enero de 2011

Metaironía…la descontextualización

En el post de hoy pretendo abordar el tema de la metaironía, es decir, el estudio de aquello que subyace de una forma más o menos latente en el sentido del humor.
Durante el aprendizaje que llevamos a cabo a lo largo de nuestra trayectoria vital, aprehendemos de manera más bien inconsciente una serie de reglas, esquemas mentales y patrones pre-establecidos que nos indican lo que suele ser “normal” o común.

Sin embargo, contamos con otra serie de mecanismos que operan a nivel del subconsciente, y que, de una forma u otra, son generadoras de ironía y de hilaridad. La permeabilidad de los individuos a esta clase de mecanismos depende de factores que quizás sean objeto de futuros artículos.
Entre estas herramientas encontramos la descontextualización, la paradoja, el equívoco o malentendido, el doble sentido o la abigüedad y la hipérbole o exageración, entre otras.

En esta ocasión trataré de arrojar un poco de luz sobre una de ellas: la descontextualización. Vamos a tomar como modelo una obra pictórica que muestro un poco más abajo y que supongo conoceréis.




Como muchos de vosotros habréis identificado, se trata de “El Grito”, cuyo creador es Eduard Munch. Me imagino que la mayoría coincidirá conmigo en que esta obra transmite una inquietante sensación de desasosiego, dolor, angustia e incluso terror. La composición, el color, las formas y también el trazo van de la mano, persiguiendo generar estas reacciones. El propio autor la describe del siguiente modo: “Solo, temblando de angustia, sentí el grito, vasto, infinito de la naturaleza”. En definitiva, creo que estaremos muchos de nosotros de acuerdo en admitir que este cuadro no evoca precisamente pensamientos alegres ni expresa ironía alguna, más bien no tiene ni puta gracia.

Sin embargo, haciendo uso de la descontextualización, comprenderemos como el sentido puede variar de forma radical.
Vamos a imaginar por un instante, que el muchacho que aparece en primer plano, con cara de terror, se está lamentando porque acaba de recordar que olvidó grabar “Sálvame de luxe”, o que en ese preciso instante está viendo hacer footing a Zapatero, embutido en unas mallas ajustadas mientras tararea “ yo soy rebelde” de Janet, o que acaba de presenciar un monólogo de Rajoy en el “club de la comedia” y no es capaz de alejar de su mente el chiste de la vaca. Podría seguir poniendo ejemplos, pero creo que ya es suficiente para captar la idea.
Si observamos ahora el cuadro con detenimiento, mientras pensamos en alguna de las estupideces recién expuestas, nos daremos cuenta de que las sensaciones desagradables se diluyen un poco, dando paso quizás a una sutil sonrisa. Esto es descontextualizar.


En próximas entregas incorporaremos a este blog un apartado dedicado a la crónica social. Hablaremos de novedades y tendencias en el mundo nupcial: “Bodas a lo bonzo o cómo conseguir que no se extinga la llama del amor”, será uno de los temas de candente actualidad que trataremos con ardiente pasión.  



sábado, 8 de enero de 2011

Vidas vacías, corazones vacuos… Maurice Duluc. Detective




Con la biografía desautorizada e inédita del detective Maurice Duluc, se abre una nueva sección en el blog “quemecuento”.”Vidas vacías, corazones vacuos” es un espacio que pretende rendir homenaje a todos aquellos seres excepcionales y únicos que jamás llegaron al sitio, o bien pasaron de largo sin ser vistos.

Comenzamos:

Hoy destacaré aspectos relevantes de la infancia del pequeño Maurice, con el fin de comprender las causas que le llevaron a ser el fabuloso detective que es hoy en día. Mejor dicho, las causas que le llevaron a ser el detective que es hoy en día. Lo siento de nuevo, las causas que le llevaron a ser el que es hoy en día.

Nació en 1960, en el seno de una familia acomodada, pues sus padres regentaban un negocio dedicado a la venta de colchones y sofás. Así pues, Maurice pasó sus primeros años muy acomodado, entre cojines y almohadas, desarrollando una tendencia a la pereza y la acidia que le acompañan de por vida.
Maurice fue un niño grande, muy muy grande. La genética jugó su papel, pero quien realmente potenció su amplitud dimensional fue Sophie Ledoux, vecina de los Duluc, y gran aficionada a la repostería casera. La señora Ledoux vivía sola y ocupaba su tiempo preparando crêpes para el pequeño (o ya no tanto) Maurice. Fueron unos años verdaderamente dulces, en el sentido literal del término, para él.
Esta primera etapa de su existencia transcurrió en el genuino barrio parisino de Le Marais, inmerso en el ambiente bohemio y liberal que frecuentaban su progenitores. No es de extrañar pues, que creciera soñando y anhelando convertirse de mayor en vedette del Folies Bergére, idea que desterró cuando en su mente recaló una nueva, la de ser pastor de focas.

Su vida adquirió un nuevo sentido el día del decimoprimer cumpleaños de su primo Eugène Honore Lafontaine, un niño huraño y solitario que acabaría trabajando como maître en un bistrot de la Rue de Rivolí llamado “Fourchette bleue”.
Maurice y Eugène eran primos y tenían aproximadamente la misma edad, pero se detestaban mutuamente. Mientras Maurice era bondadoso y cercano, Eugène padecía desde su más tierna infancia una fobia social que le impedía relacionarse con los demás. Por tal motivo, cuando ambos se veían obligados a pasar la tarde juntos por la obra y gracia de sus padres, ya sabían que juego debían practicar: el escondite. Era lo mejor para los dos. Eugène solía hallar escondrijos inaccesibles para el resto de niños. Lograba pasar horas aislado, escondido, sumergido en su mundo interior, alejado de la realidad, esa realidad que tanto odiaba, esperando no ser descubierto hasta que fuese hora de marcharse a casa. Para Maurice el alivio no era menor, ya que aprovechaba la ausencia de su primo para hacer una visita a la señora Ledoux y especialmente a sus amados crêpes.

Esa tarde Eugène se doctoró en cripto-escondrijología encubierta. Era su cumpleaños, su gran día, y lo quería compartir y celebrar con la única persona a la que podía tolerar, y a la que profesaba un verdadero amor sincero. A sí mismo. Para conseguir su propósito deambuló por las calles que rodean la Plaza de los Vosgos. Se adentró en la propia plaza y descubrió una trapa de alcantarilla abierta. No lo dudó dos veces. Se coló en la vieja, infecta y prolija red de saneamiento de París. Su osadía le salió cara. Muy cara.

Tras permanecer cuarenta y seis horas en paradero desconocido, cientos de efectivos de la gendarmería movilizados peinando la ciudad y unos padres al borde de la histeria, Eugène fue localizado por un par de operarios del servicio de mantenimiento de las cloacas. El niño no presentaba muy buen aspecto. Padecía síntomas evidentes de pulmonía, hipotermia, ansiedad, vértigos, mareos, cloacafobia, temblores, terrible pánico a la oscuridad, hedor nauseabundo, desnutrición, stress post-traumático, decoloración cutánea y alopecia androgénica prematura. Al salir al exterior se añadieron al elenco la fotofobia y la agorafobia. Cuando desaparecieron las secuelas físicas, como podréis imaginar, tuvo que ser ingresado en una clínica de salud mental, donde los responsables del centro se ocuparon, de buen grado, de potenciar aún más, si cabe, la mayoría de estas patologías psíquicas durante los apenas quince años que pasó internado en régimen de aislamiento provisional.

Maurice, por su parte, avergonzado, cabizbajo y sintiéndose en cierta medida responsable del trágico suceso acaecido, tomo una decisión que marcó el rumbo de su vida desde ese mismo instante. Abandonó la idea de trabajar como pastor de focas y abrazó la de convertirse en investigador, en detective. Un detective grandioso, uno que no permitiría jamás que a ningún niño le ocurriera lo mismo que a su primo Eugène. Ese iba a ser él, el Detective Duluc.



jueves, 6 de enero de 2011

Hoy cocino yo…alta cocina (segunda parte)

Tal y como afirmé ayer, hoy nos disponemos a seguir profundizando en la materia que nos ocupa. El tercer aspecto que debemos contemplar a la hora de distinguir la alta cocina es el siguiente:

3.”Orden y proporción. La percepción subjetiva de la cantidad.” En la Grecia Clásica se estudiaron y definieron los conceptos de proporción,  orden y equilibrio en el Arte. La relación de las partes entre sí y de éstas con el todo cobra su máxima expresión en el momento en que se determina la proporción áurea, es decir, cuando uno de los elementos se relaciona con el mayor en la misma proporción en que el mayor lo hace con la suma de ambos.
Al parecer, la alta cocina se une a las corrientes artísticas y de pensamiento que desde finales del siglo XIX se muestran reacias a considerar a la proporción como uno de los elementos clave en el proceso creativo.
Vamos a abordar el estudio de esta materia centrándonos en dos aspectos:

El primero de ellos hace referencia a la proporción que se establece entre el número de comensales y el de personas encargadas de satisfacer las necesidades gastronómicas de aquellos.
Según los últimos datos de los que dispongo, en “Fourchette bleue” se precisa de cuatro camareros (perdón, garçons du salle), un maître, doce cocineros (mejor dicho, chefs), dos investigadores gastronómicos (deben tener formación en ingeniería química por aquello del nitrógeno líquido, el ácido clorhídrico, y el permanganato potásico, así como un máster y licencia pirotécnica), un nutricionista, un interiorista (especialista en sector textil), un fisioterapeuta, dos asesores fiscales y un filósofo-antropólogo para dar servicio a una mesa de cuatro personas. De este modo, el restaurante funciona como una orquesta, o igual que un mecanismo cuyo engranaje le permite ejecutar su cometido a la perfección.

El maître Eugène acompaña a los comensales tratando de ocultar su fobia social tras unos guantes blancos para no tocar a la gente y unas gafas graduadas que realmente no necesita, pero que le permiten verlo todo desenfocado, logrando de este modo tener una percepción más difusa de la realidad, esa realidad que tanto odia. Ésta última cuestión le ha reportado no pocos disgustos. Uno de los más sonados fue aquél en el que debido a su absurda miopía inducida, confundió a una clienta VIP, de talla no muy elevada y que para la ocasión vestía un aparatoso abrigo de piel de nutria, con un perro San Bernardo. La arengó a abandonar el local, escoba en mano y al grito de “Hale, chucho!”. Las consecuencias fueron desastrosas. Despido fulminante. Pero tras un par de intentos de suicidio frustrados (uno de ellos tratando de cortar la circulación sanguínea mediante un atado excesivamente fuerte de los cordones de los  zapatos y otro ingiriendo grandes cantidades de vasos de leche condensada) consiguió ser readmitido.

Los garçons du salle tienen cometidos claramente definidos:

Germaine es el encargado de garantizar que las copas están siempre llenas de bebida. Para él resulta una tortura esta tarea, puesto que aunque en el trabajo lo ignoran, en su tiempo libre lucha con fuerzas para salir de las garras del alcohol, sin mucho éxito, por cierto, ya que la terapia la lleva a cabo en la licorería que regentan sus dos amigos de la infancia, el “Johnny Walker” y el “Cervezas”, cuyos apodos no fueron escogidos precisamente al azar.

Jean Pierre se ocupa de limpiar las migajas de pan depositadas sobre la mesa. Esta actividad la realiza de buen grado, pues sufre una patología obsesivo-compulsiva que le convierte en un maniático de la limpieza y el orden. Alguna vez ha sido reprendido por clientes a los que no les complace que les limpien otras personas los restos de comida depositados en la comisura de los labios. Su peor momento tuvo lugar cuando en una ocasión trató de eliminar, frotando con un estropajo, una mancha en la calva de un señor, que finalmente resultó ser un lunar de proporciones descomunales.

Ivette es una joven encantadora, de rostro dulce y aire angelical. Es la responsable de tomar nota de las peticiones de los clientes, así como de formular sugerencias y responder a las numerosas dudas que suscitan los enrevesados nombres que presentan los distintos platos. También expone los ingredientes con los que están elaborados y el modo en que estos se combinan para su preparación. Es una verdadera lástima que su inequívoca voz varonil de verdugo cosaco la tenga acomplejada.


En “Mesón Casa Paco. Bodas, bautizos y comuniones” te atiende Manolo. Y punto. Ya se comentó en el post anterior algo al respecto, pero me gustaría abundar un poco en este asunto.
Manolo controla una sala de cien comensales. Trabaja a su aire. No es veloz pero cumple. Tiene un lema: “Espérate macho, que no tengo alas!!”. La verdad es que no se le puede pedir más. Tiene una habilidad especial, un don que le permite llevar a la vez dos barras de pan bajo las axilas mientras en las manos porta sendos platos de sopa caliente y un vaso embutido en la papada. En una ocasión me explicó que la mejor forma de llevar el plato de sopa era apoyándolo sobre la palma de la mano y metiendo el dedo pulgar en la parte cóncava del plato, es decir, dentro de la sopa, para mejorar el agarre.


Para finalizar con el post de hoy, y en relación con las cantidades de comida que se ofrecen en los ámbitos que estamos contemplando, simplemente me gustaría adelantar los lemas que tienen por bandera en nuestros dos restaurantes modelo.
Si bien “Fourchette bleue” suscribe el de “menos es más”, en “Mesón Casa Paco. Bodas, bautizos y comuniones” se rigen bajo el de “contri más mejor”.

miércoles, 5 de enero de 2011

Hoy cocino yo…alta cocina

Bajo el lema “hoy cocino yo…”, se inaugura una de las secciones de las que constará el blog. En este apartado podréis encontrar recetas, crítica gastronómica, consejos, trucos y opiniones sobre cualquier aspecto referente a la cocina de ayer y de hoy. En este post pretendo hablar de la alta cocina. Quisiera que quedara bien aprehendido el concepto en todos vosotros, así como que tras la lectura presente fueseis perfectamente capaces de diferenciar un plato producido por la alta cocina, de un plato elaborado por la cocina a secas. Para ello no escatimaré esfuerzos en sembrar este artículo de ejemplos clarificadores.

Para que podamos estar hablando de “alta cocina”, un restaurante debe reunir, al menos, las siguientes condiciones:

1.El nombre de sus platos debe ser largo. Muy largo. Pero largo, largo de cojones. Leyendo el nombre con atención casi podemos llegar a averiguar donde nació el cochinillo que nos vamos a comer, si la lubina pasó una infancia feliz, o si las verduras fueron tratadas con amor. Ejemplo: en un restaurante de alta cocina, que se podría llamar “Fourchette Bleue”, seguramente encontraremos un plato titulado: “Crujiente de bigote de gamba gaditana, con aroma de vapor de espuma de cava de l’alt Ampurdà y recuerdos de escama de merluza macho norteña con reducido de salsa de ostra bañada en sopa de nitrógeno líquido”. Es tan solo un ejemplo, pero sirve para comprobar cómo se necesitan 37 palabras para nombrar a un plato.

En el otro extremo encontramos un restaurante como “Mesón Casa Paco. Bodas, bautizos y comuniones”, en el que el nombre de los platos que nos ofrecen pueden constar de una sola palabra (“emperador”), dos (“huevos fritos”) o a lo sumo tres (“muslo de pollo” o “tortilla de patatas”).

2.La segunda condición se deriva de la primera: la “Carta”. En “Fourchette Bleue” se hace imprescindible contar con un documento escrito en el que aparezcan todos los nombres de los platos que se ofertan. Se han descrito casos de camareros (garçons du salle) que han perdido el juicio tras intentar memorizar palabra por palabra cada uno de ellos. Alguno incluso trató de quitarse la vida dándose un baño de nitrógeno líquido o aspirando vapor de espuma de setas silvestres. Así pues, el protocolo exige que el maître Eugène se acerque a la mese con aire distraído y que deje la carta mientras arquea las cejas dejando entrever un halo de superioridad que le sirve para ocultar su enorme complejo de neurosis compulsiva a la que acompaña un terrible pánico irracional a la oscuridad.

En el polo opuesto nos encontramos con Manolo, el camarero de “Mesón Casa Paco. Bodas, bautizos y comuniones”. Manolo se acerca con resolución a la mesa. Es hábil. Mientras llega, le da tiempo de rascarse la entrepierna un par de veces con la mano izquierda, y a la vez se lleva la derecha a su oreja para rescatar un lápiz sin punta de entre la maraña de pelo graso que puebla su cabeza. Una vez que su mano izquierda vuelve a quedar libre tras el rescate del folículo piloso, saca del bolsillo de su camisa (que un día fue blanca y hoy delata el paso del tiempo ese tono amarillo-rancio a juego con sus dientes) una pequeña libreta. A continuación recita sin piedad: tengo codornises, perdises cordero, ternera, y serdo. De pescao hay emperador, leguado, salmón y merlusa. No hay más que hablar, está todo dicho. La gente pide con naturalidad mientras Manolo apunta con aire de concentración.


En vista de que la extensión del artículo excede de lo que en un principio había previsto, me veo obligado a dejar para mañana los otros dos puntos sobre los que me gustaría hablar, que son:
3.”Orden y proporción. La percepción subjetiva de la cantidad”
4.”El precio, y la teoría cognitiva del estímulo-respuesta”

Bon Apetit

martes, 4 de enero de 2011

qué te cuenta "quemecuento"

Este blog llamado "quemecuento" nace con una clara e inequívoca vocación. Una vocación que desvelaré en cuanto la descubra.
El elemento vertebrador de lo que aquí se publica es el sentido del humor, o al menos eso es lo que se persigue. La idea es que esto evolucione como un organismo, que crezca y se desarrolle con la aportación y/o colaboración de todo aquél o aquella que lo desee.
Este proyecto, tan ambicioso como absurdo, tratará de abarcar y desarrollar temas apasionantes y dispares. Todos ellos se engloban dentro de lo que se conoce como Tripodología Felina o el arte de buscar tres pies al gato. Algunos de ellos son los que se citan a continuación:

-Literatura babilónica contemporánea. Autores y disglosia. La imposibilidad del entendimiento.  
-Protocolo y sibarítica espartana. Una visión grácil y delicada de la polis griega.
-Modelo y desarrollo urbano de los pueblos nómadas. La chabola como paradigma de una arquitectura efímera y el poblado como exaltación de la comunidad.
-Jardinería ornamental y botánica afgana.
-Instituciones y tradiciones de la Revolución.
-Oligarquía popular. Cuando las masas se rebelan contra sí mismas.
-Ironía y humor en la Santa Inquisición. La faceta cómica de Torquemada.
-Ofimática para mascotas. Si tu puedes, ellos también.
-Iconografía erótica en el arte Islámico. El desnudo femenino en la Madraza.
-Hedonismo cisterciense. San Bernardo de Claraval y su alocada vida nocturna.
-Austeridad y moderación en la corte de Luis XIV. La modestia como bandera.
-La fruta de temporada como arma de defensa personal. Aplicaciones y técnicas disuasorias.
-Chacinería y enología musulmanas. Profesiones de futuro.
-Altruismo y filantropía en la Guerra de los 100 Años. El secreto de su longevidad.

También se podrán dar cita en este espacio otras materias. Recetas de cocina, biografías, monografías, fragmentos de la realidad cotidiana, comentarios de obras de arte, etc…, siempre inspiradas y analizadas bajo el prisma de la ironía.
Este blog supone un reto importante para mí. Espero aportaciones, ideas, comentarios y críticas para poder llevarlo a cabo. Con vuestra colaboración será más fácil y enriquecedor. Se trata de pasar un buen rato, de olvidar por un momento los problemas del día y dar paso a una sonrisa. Recordad que, como alguien dijo una vez, el humor es algo que se debe tomar muy en serio.

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